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miércoles, 9 de septiembre de 2009

La casita de la Virgen







Un momento de sublime emoción en un día que está para siempre marcado en la memoria de los días que no hubiera querido vivir. Un 12 de agosto, como hoy, Mamá se marchó de este mundo y desde entonces han pasado dos años de tristezas y una vida que no es la misma.
Me preguntaba desde el inicio del viaje si encontraría la forma idónea de homenajear su memoria, hoy obtengo la respuesta: Visitar hoy, la casa en la que vivió hasta la edad de 101 años la mismísima Virgen María, de quien Celinita fue tan devota, es muy significativo, por decir lo menos. En calma con mis emociones, me meto en la fila donde muchísimas personas esperan su turno para entrar a un lugar que se considera sagrado para todos los cristianos.
La casita se alza en lo alto de una colina tras la cual se cree, está la tumba de María Santísima. Pequeñísima y austera, la cabaña construida en piedra, no difiere en nada de las discretas viviendas de labradores que hemos visto en muchas partes. Adentro, una oleada de fervor llena el espacio cuyo único adorno es una imagen en bronce de la Virgen frente a un altar de mármol blanco, allí deposito mis oraciones y el recuerdo amado de Celinita. Al salir descubro un muro donde los visitantes dejan cartas con peticiones y saludos a la Virgen, dentro de una especie de nido hecho con nudos de algodón. Escribo una nota a Nuestra Señora por haberme brindado la oportunidad de venir a conocer su casa en un día tan especial y tomo unos minutos alejado del bullicio para una meditación personal. Mi alma se siente reconfortada y por encanto, la tristeza da paso a una iluminada paz.

EFESO













Con la visita a Efeso, se acaba el recorrido por Turquía. Además de Istanbul, las dos regiones que tienen fama de impepinables en una visita a este país son Capadoccia y Efeso. Ambas asignaturas están cumplidas con creces, aunque ello no haya hecho sino alborotar las ganas de volver a Turquía y recorrerla de punta a punta.
Bajamos del barco en Esmirna, contratamos un taxi que se ocupe de nosotros hasta que tengamos que regresar al puerto, y es muy simple: En Efeso nos hemos encontrado con todo el esplendor de esta ciudad fundada en el siglo IV AC por Lisímaco, el sucesor de Alejandro Magno; puerto principal del antiguo Egeo e impulsora fundamental de los primeros logros del cristianismo.
Efeso es un ejercicio de sorprendimiento, basta con entrar y dejarse llevar por la famosa avenida de las columnas, toda de mármol gris y blanco y empezar a descubrir tesoros como el Templo de Adriano, el Teatro Romano o las incontables estatuas y pequeños vestigios de su grandeza, hasta encontrarse de frente con la majestuosa Biblioteca de Celso, que gracias a recientes trabajos de restauración, se muestra con el absoluto esplendor que uno anhela, al visitar ruinas de tanta alcurnia.
Con lo que hemos visto en Efeso, nos damos por bien servidos. Pero una nueva e íntima emoción está al voltear de la esquina y hacia allá vamos.

Primer puerto, ESMIRNA



Llegamos a primera hora a la ciudad turca de Esmirna. Después de mucho análisis, decidimos en conjunto no comprar ninguna de las excursiones que ofrece el crucero, salvo en aquellas islas donde solo haya traslado a la ciudad. En todos los puertos hay la posibilidad de conseguir taxistas que por un precio mucho más bajo te lleven a hacer el mismo paseo que harán los pasajeros del barco al doble o triple del precio. Además, estamos totalmente seguros de lo que queremos hacer en cada puerto, cosa que siempre ayuda. Nuestra prueba de fuego es Esmirna. Sabemos que aquí lo que hay que hacer es ir a Efesos y a la casa de la Virgen María. No ha sido nada difícil, en la entrada del puerto hay un sistema muy organizado de transportes, uno de ellos nos lleva a los cuatro, a conocer lo que queremos.
Es 12 de agosto y ando con las tristezas alborotadas; hoy se cumplen dos años de la partida de Celinita. Tengo la lágrima fácil, eso creo.