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jueves, 15 de septiembre de 2011

Despedida, en donde todo empezó

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Regreso a la estación Victoria, después de un almuerzo tarde en un restaurancito muy normal, donde me harté de “Fish and Chips” (pedazos de pescado fritos y papas fritas) que es una de mis comidas favoritas en el mundo, y que tenía en cuenta desde que llegué. En la estación, uno de los epicentros de la ciudad, me quedo por un rato, (aquí descubrí un sitio de dulcitos tan rico….) me compró el postre, un té caliente y me siento plácidamente a disfrutar del peak hour londinense. Es fascinante. Me entretengo un montón viendo pasar la gente y lo creo suficiente. Gente de verdad, que no tiene la tranquilidad del turista al que, como yo, no esperan en ninguna parte. Gente que puebla una ciudad que hice mía al llegar. No entiendo porque he pasado tan poco tiempo aquí; creo que fue el gran pelón de este viaje, pero no puedo arreglarlo ahora.
Voy un rato al hotel, espero que terminen de caer las últimas gotas, me abrigo y salgo a un pub de las cercanías, donde sentado en la barra me tomo un par de cervezas para brindar, no por esta visita, sino por las muchas que faltan. Debo prepararme para llegar a Estonia, pero creo que me llevo a Londres en lo profundo de mis retinas. Algo me pasó caminando por aquí, pero no sé si lograré darme cuenta.

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Catedral de San Pablo

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Aunque no parecía ser el destino lógico después de Candem, me fui en metro a conocer la Catedral de San Pablo (ya….deben haber descubierto que lo mío es una iglesia y tienen razón. Me gusta mucho la cosa religiosa por razones místicas, de credo y de placer estético) Está considerada la tercera iglesia más grande del mundo, después de San Pedro en Roma y La Catedral de Sevilla, y su cúpula de 111 metros de alto y 30 de diámetro compara solo con la Basílica de San Pedro. L a verdad es que es una maravilla que data de 1710 (se empezó a construir en 1676 después que el gran incendio destruyera la iglesia de madera que se levantaba en su lugar)  y desde entonces ha servido como sede del obispado y ha sido escenario de grandes acontecimientos reales, como la boda de Carlos y Diana en 1981.
Lamentablemente, no pueden hacerse fotos en el interior de la iglesia; lo digo porque realmente ese interior es impresionante. Colorido, lleno de lujos y de obras de arte, en fin, absolutamente bello. Al salir de la catedral, ha dejado de llover totalmente y me dedico a hacer fotografías y disfrutar la fría tarde caminando por los alrededores sin rumbo fijo. Estoy fascinado.

Candem

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Es una visita obligatoria. No se pude ir a Londres y obviar Candem, aunque se odien los mercados, haya uno vivido toda la vida en Centros Comerciales y este negado, por razones médicas, a codearse con “el populacho”. Si es así, tómese un antialérgico y móntese en el metro hasta Candem Town, un barrio de la ciudad, o mejor dicho, como un pueblito de las afueras, con todos los atractivos de los pueblitos clase media, media, y un mercado que sencillamente es “EL MERCADO”
Seguía lloviendo y hacia frio, de modo que una buena parte del encanto, estaba escondido; pero, aun así, el lugar se las trae. A la derecha de la salida de la estación del metro, empiezan las tienditas tipo “boutique de boulevard venido a menos”. Allí se vende lo normal: zapatos, artículos de cuero (por cierto casi al llegar a la mitad de la primera cuadra, hay una tienda de marroquinería que es de lo mejor que yo he visto, es un desastrico, pero hay que entrar y mirar…wow) y ropa sin nada especial. Hay una tiendita de discos súper interesante y alguna que otra curiosidad; Pero, apenas estamos calentando motores. Después de unas tres o cuatro cuadras, es que empieza la cosa a ponerse buena: A ver, es como el antiguo mercado de Chacao, pero en Londres. Get It? Artesanía de la mejor, revendedores, ropa usada, ropa nueva, made in China cantidad, diseñadores famosos a precio de nada (colecciones muy pasadas) vintage y mucho más. Hay que entrar y salir de callecitas, centros de puestos, tarantines y seguir viendo porque, un poco como en el medio de esa cosa tan divertida, está el sitio de chiringuitos donde se puede comer a precio de ganga. Mayormente es comida hindú, que tiene el aspecto de la comida hindú que se puede comer en la calle; pero hay un sitio mexicano bastante cercano a lo que es, y un par de chinos que realmente no invitan. Lo mejor de este sitio, por cierto, es que si uno cae por ahí al final del día, podrá comer, por un par de libras, platos bastante resueltos pues ellos tienen que rematar lo que no pudieron vender en el día.
He tenido un par de horas para mí en Candem y juro que volvería todos los días. Esto no se compara a nada y OH!! My God, ha dejado de llover por un rato para que yo me dedique a hacer turismo….

Museos para evitar la lluvia

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En un día como el de hoy lo que menos provoca es andar por la calle, no parece que vaya a dejar de llover pronto. Londres, al igual que la mayoría de las capitales europeas, tiene su número importante de museos que visitar y esa puede ser tremenda opción, si la lluvia lo deja a uno varado en un sitio, sin tener mejor plan bajo techo.
A eso consagro la primera parte de mi día, recorro el Victoria & Albert, un rico y hermoso museo de arte británico que me ayuda a comprender algo que me tiene bastante curioso: el tema del constante intercambio de arte entre un país y otro que permite, por ejemplo, a los británicos tener “Los Girasoles” que debería estar en Holanda, y a los franceses tener a La Gioconda, que debería estar en Italia. Pues bien, en este museo hay una exposición temporal dedicada a quien lo fundó (olvido su nombre, sorry) y en esa exposición, sin ninguna vergüenza, ellos se dedican a contar las prácticas (no siempre ortodoxas) de ese señor, para llenar las arcas de los museos británicos. Creo que de ese modo se hicieron con una de las Cariátides….
Por cierto, al salir la lluvia está peor, pero en la esquina diviso la sede de la embajada Venezolana, no están mal ubicados los pobres….
Al lado, el Museo de Historia Natural, al que entro sin mucho interés y lo recorro rápido, no es mi “cup of tea”. Está muy bien, por supuesto, pero creo que esas cosas de la naturaleza y afines, tiene que gustarle a la gente que visita ese sitio. Si no, olvídense.
Regreso por un pasadizo subterráneo al metro, está lloviendo durísimo. Dentro de la estación espero un rato hasta enfrentar mi próxima parada.

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martes, 13 de septiembre de 2011

The Tube

A diferencia del extenso y reconocible metro de París, The Tube, como los ingleses llaman a su sistema subterráneo de transporte, es menos grande, tiene menos líneas y parece más moderno y menos manejable, a decir verdad.
Aquí lo que importa es saber el nombre de la línea en que uno debe moverse para llegar a destino y, una vez en ella, tener claro la estación en que hay que bajarse. Algunas estaciones tienen conexiones entre una línea y otra, por lo tanto conviene tener cuidado con los andenes para evitar el tren equivocado, ya que en el mismo anden pueden circular dos trenes con diferentes destinos.
Lo entendí después de un pequeño estudio (ya he dicho que estas cosas me superan), ayuda mucho que cada línea tiene un color y toda la información (abundante) sobre esa línea está en ese color. Ni modo, no hay manera de perderse incluso si alguien es tan despistado como yo.

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Amaneció lloviendo

No podía fallarme. El día luminoso y cálido de ayer se ha evaporado en una mañana lluviosa y fría. Aunque desperté temprano, estoy todavía en mi habitación, tratando de sacarle provecho a este día que “se parece a Londres”. Me niego a permitir que la lluvia me arruine el día.
Aprovecho una pequeña escampada, para caminar apurado las tres cuadras que me separan de la estación Victoria, a la que hoy, por razones climáticas, espero convertir en mi centro de operaciones. Al llegar allí, pago 8 libras por un paraguas y compró un ticket que me permite viajes ilimitados en el metro hasta las 4 de la mañana. Ese ticket, que cuesta 5.60 libras, significa un ahorro importante. Los viajes en metro son carísimos.
Creo que ya estoy preparado para desafiar la lluvia londinense que, por suerte, se ha convertido en una leve brisita.

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Hyde Park

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Tengo la impresión que este parque estupendo en el centro de Londres, se conecta con dos igualmente encantadores y deben formar lo que un comentarista de medio pelo, llamaría “el pulmón de la ciudad”. Pues si de eso se trata, Londres puede tener la certeza de que nunca sufrirá un enfisema. Vaya pulmones se gasta.
No he caminado ni una cuadra del parque, cuando descubro una sombra bien sabrosa y me echo en la grama a descansar de la caminata, sin más pensamiento que la certeza de estar en un lugar realmente grato. Un rato después me acerco hasta Serpentine Lake, un inmenso lago en el que mucha gente pasea en canoa o juega con bicicletas acuáticas.
En la caminata, me tropiezo con el monumento a Peter Pan, cuya ubicación y detalles no pueden revelarse, pues es tradición y superstición que el visitante lo descubra siguiendo las pocas señales del parque, si lo descubren, tendrán buena suerte). Un poco más allá, en la vía a Kensington Palace, el monumento en Memoria a Diana, Princesa de Gales, un riachuelo circular construido, según puedo leer en un aviso cercano, gracias a modernas tecnologías y que representa los altos y bajos de la vida de Diana. Es un lugar muy bonito, es verdad, una especie de sitio para la reflexión o la meditación que, por cierto, estaba lleno de niñitos jugando. Muy apropiado.
De pronto me doy cuenta que empieza a atardecer y que el sol está ocultándose: llevo más de 12 horas caminando por Londres, mis pies acusan el exceso. Es hora de regresar al hotel.

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Memorial de Diana, Princesa de Gales

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The Marble Arch

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The Marble Arch, un arco de Mármol de Carrara blanco, en la intersección de Oxford Street y Park Lane, me da la impresión de estar puesto allí para que el turista desorientado no pierda la entrada a Hyde Park; pero, resulta que no, está allí desde 1858 cuando fue mudado desde Buckingham Palace, donde se había colocado como entrada para el nuevo palacio. Históricamente, sólo los miembros de la familia real y las Caballerías Reales, estaban autorizadas para atravesarlo y tenía que hacerse en solemne procesión. De modo, que estoy equivocado, pues como todo, está llenecito de historia.
Yo, sin embargo, lo uso para lo que creo más apropiado: entrar a Hyde Park, un sitio que ando buscando desde hace rato.

SOHO y la perdición…..

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Este camino me está llevando, realmente, a la perdición; ahora me meto por unas callecitas que tienen pinta de tener más marcha que más nada y que me llevan hasta un sector bastante light de Chinatown y a SOHO, dos zonas fundamentales de la vida londinense. Realmente ceo que empiezo a ver todo muchísimo mejor. Primero porque Cinatown, aunque no lo recorro mucho, es una aproximación bastante cercana a todo lo que uno ha visto en películas, con toda la escenografía del caso y todos los chinos del mundo gritándose entre ellos. Intento llegar hasta un famoso restaurant chino recomendado en muchas guías, pero desisto con rapidez, demasiada gente en el secreto.
Luego está SOHO, un barrio de callecitas intrincadas y con mucha vida, que entre otras cosas, se considera el barrio Gay de Londres (debe serlo, a juzgar por los arcoíris y la abundancia de sex shops). Sea o no, es un barrio que vale la pena visitar por un rato. Allí es posible encontrar de todo, desde un templo Hare Krishna en plena fiesta  hasta una plaza muy agradable, donde me instalo por un rato a comer scones y a mirar: gente de todo tipo en lo que podríamos llamar un desfile infinito de de TODAS las cosas que son capaces de ponerse los humanos, pasa a mi lado y me alegra muchísimo el día.

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Carnaby Street

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Aunque su muy bien ganada fama de “experiencia única de compras” la precede, para mí, Carnaby Street es una conexión inmediata a las mejores épocas de mi vida.
Cuando yo era, literalmente, un chamo, irrumpieron en Venezuela una serie de tiendas llamadas Carnaby Street que vendían lo último en moda para consumidores afiebrados de mi edad. Eran como un especie de templo, alrededor del que se hacían todo tipo de comentarios, asociados siempre a la terrible juventud pérdida y se compraba, a precio de oro, los jeans más modernos y la ropa más curiosa, en el estilo hippie que causaba furor (mi primera camisa “patchwork” vino de allí)
Siempre me pregunté si realmente Carnaby Street era un sitio real de Londres; pues bien, hete aquí que lo he encontrado: Una calle “fashion” destinada a los más jóvenes y muy, muy interesante. Hay que paseársela, aunque no se tenga un penique dispuesto para gastar.

Almuerzo en Regent Street

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Desde Picadilly, tomo la muy concurrida Regent Street, una calle estrictamente comercial, es decir, una calle llena de tiendas de todo tipo, marcas famosas, tiendas por departamentos (el famoso Harrod´s no está allí, sin embargo) y boutiques que exhiben artículos (muy caros) de última moda y gran lujo, en perfecta vecindad con algunas tiendas, cuyos precios se podrían ajustar a un presupuesto como el mío, si yo anduviera en plan de comprarme algo.
Aprovecho que me estoy acercando a mediodía, para buscar un sitio donde comer por este vecindario, tarea que no es difícil, pues en todo Londres hay unos simpáticos lugares de comida lista para llevar, que se llaman Pret A Manger, donde por unas seis o siete libras puede uno hacerse de un almuerzo muy decente, que costará menos si se lleva para comer en cualquier otro lugar. Allí me siento, (pago casi dos libras por ese privilegio) y me dispongo a almorzar. Un par de Ingleses sentados en una mesa contigua, me ven leyendo una guía en español y me sacan conversación creyendo que soy español. Les corrijo el error anunciando mi nacionalidad Venezolana y el par de ingleses de buena vida, empiezan a decirme cosas muy chéveres del presidente de mi país, a quien ellos conocen por la prensa (alguien debe ocuparse de darle buena prensa) y dicen que “les encanta”; eso bastó para romper el propósito de portarme bien y mantenerme alejado del tema gobierno y les doy mi lección de por qué no encantarse con ese señor.
Al final, creo que ellos quedaron convencidos que en Venezuela, la gente se está volviendo loca!

domingo, 11 de septiembre de 2011

A Londres le ronca el mambo

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Un poco de New York, algo de San Francisco y mucho de sí misma; Londres, si es necesario, puede compararse a cualquiera de las ciudades que se piensan centro del mundo y a todas, seguramente, les sacará una vuelta.


Otras ciudades son hermosas. Otras ciudades son refinadas. Otras ciudades son divertidas. Londres es todo eso y sigue siendo un lugar como no hay dos. Una ciudad viva en la que seguramente se prueban y se cocinan muchas de las cosas que luego estremecen al mundo occidental.


Estoy completamente fascinado. Creo que esta ciudad me ha brindado uno de los grandes momentos del viaje, tal vez deba lamentarme de no haberme quedado aquí más de 4 días. A estas alturas de mi recorrido por calles llenas de personas, lo único que se me ocurre pensar es que a Londres le ronca el mambo….


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