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viernes, 14 de septiembre de 2012

Un ático en el centro

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Volviendo al tema de los sitios en los que uno duerme cuando anda por ahí: Hasta en eso hemos tenido suerte en esta pasada por Brujas. Qué maravilla de habitación y que hotelazo nos ha tocado en esta parada.
Claro que con sus bemoles, para ser honestos: hemos conseguido un ático en el corazón del centro de la ciudad, que nos deja sin palabras cuando entramos a conocerlo. Es una escenografía; una amplia buhardilla con mezzanina, donde hay dos camas minúsculas (en una de las cuales dormiré yo) y un piso principal de madera y piedra donde dormirán los demás. Un par de escalones arriba, un espacioso baño con bañera de patas de león, en donde habrá que ducharse sentado y con manguerita. Hemos estudiado todas las posibilidades y he salido yo, de hombre de la familia, a dictar un breve taller de cómo ducharse en esta bañera de peltre porcelanizado y no morir en el intento.
Realmente, habrá que agradecerle a los dioses. El Botherhuis Hotel de Brujas, no ha sido sino otra razón para estar y ser felices.
Buenas noches y dulces sueños.

Hermosa con avaricia

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Creo que tengo rato diciéndolo, y aunque suene fastidioso, podría pasar otro buen rato en lo mismo. Trato de conseguir un adjetivo que me calce a la perfección con esta ciudad medieval que pone puntos de belleza en todo lo que uno voltea a mirar y se me hace difícil la palabra. La oscuridad de la noche, además, no hace sino aumentar ese encanto fascinador que hemos estado caminando por horas y el simple oficio de turista empieza a llenar mi corazón de penas. También la ciudad empieza a recoger sus bártulos y es hora de empezar a buscar el hotel y descansar un poco.
BRUJAS, la ciudad cuya existencia se demoró años en revelarse, está en toda su hermosura delante de mí y se queda guardada en una foto que logro hacer después de mucho esfuerzo. Es Brujas de noche y es la mejor visión que he conseguido guardar.
La de una ciudad hermosa con avaricia.

Llegó la noche

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Poco a poco empieza a oscurecer; divertidos y livianos, después del simpático encuentro con Il Bravo Ragazzo, comenzamos a caminar hacia el centro (en Brujas como en ningún otro sitio, todos los caminos conducen al centro de la Grand Place) El frio, que amenaza desde hace rato ya no puede seguirse evitando y no hay remedio: Yo he dejado el sweater en el hotel. No hay posibilidad de ir a buscarlo y tendré que soportar la brisa helada con estoicismo de despistado.
Chocolates, dulcitos, chucherías, algunas cuadras después y todo el tiempo de este mundo, nos sorprende con las luces de la noche, perfectamente diseñadas para eso y un paseo adicional que no hemos hecho, el del coche de caballos. Lo hacemos y menos mal. Es el último coche en salir de la plaza y es un paseo de lo más entretenido que nos lleva hasta una esquina llena de magia.

Il Bravo Ragazzo

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Bajamos del bote completamente felices, pero “muertos de hambre”. La urgencia de buscar un sitio para comer anula cualquiera otra, así que parqueamos por un rato los deseos de seguir recorriendo estas calles y buscamos un lugar que satisfaga los deseos de la menor del grupo, nuestra amada adolescente que merece su pizza por bien portada. Hemos tropezado,  casi a las 6 de la tarde entonces, con un discreto y simpático restaurantico italiano, en el que podremos comer algunas otras cosas, mientras Eliana se come su pizza. Todos felices.
Como corresponde, un mesero (esta vez un tipo muy joven y bien parecido) se acerca a atendernos y en el momento de la carta y lo que cada quien quiere, se arma una pequeña confusión de idiomas que termina dando la sensación de un intercambio poco amable. Yo, que aun no me repongo de Bruselas, le espeto al mesero que por favor se guarde sus antipatías. Y Él, que entiende perfectamente lo que le he dicho, opta por retirarse y proceder a servirnos la comida.
Estaba rica, por cierto, pero no como para recordarla. Yo creo que me comí un sándwich italiano que estaba muy sabroso, pero no podría estar seguro. Vino la cuenta y la conversación banal de viajeros felices se interrumpe, después de pagar, cuando el mesero al que yo he increpado al principio de la comida, pone delante de mí una Coca Cola Helada, que no he pedido, diciendo,
“Esto es para ti, porque no quiero que pienses que yo soy antipático”
Me sorprendí enormemente. Entonces le pregunté ¿por qué? Y él relató con detalles como al principio de la conversación, cuando quisimos ordenar la cena, él había hecho un esfuerzo por hablarnos en español, yo había insistido en hablarle en ingles y todo se había “enpastichado” hasta que yo le solté aquella perla de “aquí no vengas con antipatías”
Y la verdad es que aquí no practicamos la antipatía, simplemente creo que nos confundimos con los idiomas y francamente me pareció mal que usted no apreciara mi esfuerzo por hablarle en su lengua, ósea en español. Pero, igual quiero que me perdone y esa Coca Cola es para usted, como señal de disculpa”
Quise meterme bajo la tierra. Una vez más, una gran lección de decencia me salía al paso. Una lección que me obligaba a deshacerme en disculpas y entender la ocurrencia de aquel mesero preocupado por su buen nombre. Me levanté de mi silla y en un gesto que zanjaba toda trifulca, le extendí la mano con verdad y lo palmoteé en el hombro como acostumbramos a hacer nosotros. El mesero me miró con ojos casi vidriosos y me dijo algo que no pienso olvidar jamás:
“Yo no soy antipático, signor…Io sono un bravo ragazzo”
Los cinco estallamos en una sonora carcajada. Yo abracé al bravo ragazzo y creo que lo ame por un minuto. Rayi, Liliana y Eliana aplaudieron con risas, y la noche, que apenas empezaba y podía haberse tornado fea, empezó a sonreír con el encanto de la sonrisa de aquel mesero que se quedó para siempre como el cuento de un atardecer en Brujas.

Un paseo en lancha…

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Esa cosa de “ir a Roma y no ver al Papa” (que es uno de los disparates de la edad antigua, pues el papa es tanto lo que viaja que verlo en Roma es casi un milagro, me consta) tiene sus versiones en el resto de Europa. Aquí debería ser Ir a Brujas y no recorrer sus canales en una lancha, es un error que no tiene explicación. Ver la ciudad desde el agua es completamente otra manera de verla. Es otra perspectiva, es la mejor forma de enamorarse de un sitio al que no le hacen falta más razones para seducir a sus visitantes.
Y como si fuera poco, es además muy fácil. En muchas esquinas de la zona de los canales hay especies de cooperativas de lanchas que hacen el recorrido por precios que van desde 11 euros hasta 14 por persona (ese precio es, más o menos, el precio estándar, no se puede regatear y es lo que ellos cobran a cada quien, por un pasajero o por un grupo de 25). Existe además una tarjeta de turismo que se compra en algunas tiendas de la Grand Place que incluye la entrada a diversos museos y sitios de interés y un paseo en lancha; termina costando casi lo mismo, pero se paga como parte de un paquete y “se siente menos”.
Total, la experiencia de recorrer los canales de Brujas es una delicia, ¿para que ahorrar esa platica?

Venecia del Norte

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Si, realmente es una ciudad surcada por canales y cruzada por puentes, algunos con historias tan ricas como los venecianos. Es posiblemente su mayor encanto: una ciudad que vive tranquilamente bañada por las aguas de sus canales y los integra perfectamente a su paisaje urbano. Probablemente no puede ser de otra manera: estuvieron allí antes que la ciudad y antes que la ciudad, han ido adaptándose a los coches de caballos, al nacimiento de edificios que luego fueron joyas, al caminar apresurado de millones de personas, a la basura que fue nivelando calles secas y a las cientos de miles de historias que ofrece esta ciudad, cuyo poquitín de misterio no tiene nada que ver con su nombre.
Brujas, por cierto, se llama Brujas sin hacer alusión a nada que tenga que ver con Brujería. En realidad se llama BRUGEE (suena como BRUG; así como si uno estuviera bravo) una palabra flamenca que significa PUENTES. De modo que lo correcto sería haberla llamada “La Ciudad de los Puentes” si queríamos traducir literalmente su nombre; pero, ya sabemos que a la hora de esas decisiones, los hispanos tenemos la creatividad a flor de piel y por alguna asociación sonora que nadie explica, la ciudad terminó llamándose BRUJAS, que le queda muy bien, de paso: Es un sitio perfecto para practicar hechizos de amor.
 
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Haba Naguila Haba

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Puede que hayan sido Judíos, puede que solo hayan sido músicos alegres; pero una de las grandes emociones de estas plazas y este pueblo amable, nos la está regalando este trío de instrumentistas que interpretan canciones tradicionales Judías valiéndose de una flauta, un acordeón y un contrabajo.
¿Cuantas millas? ¿Cuántas plazas? ¿Cuántos veranos le esperan a estos promisorios talentos para “pegarla” y convertirse en artistas menos hippies y mejor pagados? ¿Lo harán? ¿Querrán hacerlo? Es imposible que mi mentalidad cartesiana evite esas preguntas. Suenan divino, imprimen alegría a la calle, emocionan y dan ganas de bailar. Poco a poco una pequeña multitud los rodea y les regala el homenaje de unas monedas muy bien ganadas.
Ha sido un hallazgo emocionante y divertido en el atardecer de este día esplendido, como si por un rato, toda la felicidad del mundo nos perteneciera.

El Campanario

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Como ya dije antes, no estás en Bélgica si no estás una plaza Mayor en la que sobresalga un campanario (le llaman Belfort). Están en todas las ciudades Belgas y lo están porque así lo han puesto. Punto.
En Brujas, donde se esmeraron en que las cosas tuvieran toda la prestancia del mundo, el campanario de la plaza del mercado, (Grote Markt) es un impresionante edificio gótico de más de 80 metros de altura que alberga carrillones que pesan más de 27 toneladas. Se puede subir a lo alto de la torre y contemplar las vistas más espectaculares, pero mi vértigo sigue sin arriesgarse. Además, no creo que quiera subir a pie 366 escalones.
Basta con verlo desde abajo. Es fascinante. Como todo aquí.

Iglesia de Santa Walburga

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Sale al camino entre canales y barrios, que poco tienen que decir, pero se transforman en la vecindad de una de las iglesias más bellas de Brujas y cuidado si de un buen pedazo del mundo: es la iglesia de Santa Walburga, un santuario Jesuita construido a partir de 1647 y consagrado primero a San Francisco Javier y luego a Santa Walburga, una santa de mayor ascendencia sobre los habitantes flamencos de la ciudad.
Estaba cerrada por cierto, lo que impidió ver de cerca el prodigioso interior lleno de columnas barrocas blancas, que se adivina un poco a través de unas ventanas muy bien colocadas que permiten la entrepitura de verla aunque no se pueda. Por ahí supe que, además, funciona como sala de conciertos, es una lástima que no me haya tocado la suerte de participar de alguno. El sitio es un encanto de marca mayor.

Catedral de San Salvador

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Está sucediendo algo realmente agradable en esta primera caminata por Brujas, vamos a nuestro aire, distendidos y felices, contagiados posiblemente por el buen rollo de la ciudad y, sin apuros de ninguna naturaleza estamos descubriendo edificios y sitios emblemáticos, sin usar las horas que necesitamos para poder sacarle el jugo a la ciudad. Por eso, tal vez, decidimos no entrar a muchos sitios o contemplar la magnificencia de las fachadas y seguir de largo.
Eso hemos hecho ante la Catedral de San Salvador, la más antigua iglesia parroquial de Brujas (Data del siglo IX) y Catedral (no es la catedral de la ciudad) desde entrado el siglo XIII, debido a discrepancias entre Franceses y Belgas en su proceso de independencia. Por supuesto es una maravilla, aunque la veremos en otra oportunidad. Hoy, nos hemos conformado con las fachadas y el magnifico torreón del campanario.

Basílica de La Santa Sangre

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Si uno se descuida, no la ve. A pesar de ser una de las fachadas más llamativas del centro, La Basílica de la Santa Sangre está ubicada en una esquina lateral trasera de la Plaza Burg y allí, realmente, hay muchas cosas para donde voltear los ojos.
Sería lamentable perderla pues es una maravilla: Dos capillas superpuestas, Una inferior de estilo románico y otra superior de estilo gótico, unidas entre sí por una escalera monumental de ladrillo que va detrás de la fachada que da a la Plaza.
Aunque en las escrituras nadie ha afirmado que la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo se guardara y se mantuviera como reliquia, hay algunos evangelios apócrifos que sostienen que José de Arimatea guardó sangre cuando lavó y preparó el cadáver para su sepultura. Ninguna de las dos versiones se puede comprobar o desmentir, básicamente porque no hay quien lo haga; de modo que la reliquia, que dice contener la sangre de Jesús, se encuentra en una botella (más bien un recipiente) de cristal de roca cerrada por dos anillos de oro, data del siglo XIII y jamás ha sido abierta. Se dice que vino de Constantinopla y mantenerla, como la mayoría de las cosas ligadas a la fe, es un acto de veneración católica que año tras año da a los fieles un motivo para regocijar su espíritu.
No es posible ver la reliquia sino en el mes de Mayo y no se puede visitar la iglesia todos los días, aunque en verano está abierta casi a diario. Nosotros decidimos no entrar para ahorrarnos algo de tiempo.

Stadhuis

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Construido en 1376, es uno de los centros de poder más antiguos de los Países Bajos que tiene la increíble particularidad de servir como asiento a los poderes municipales desde hace más de setecientos años, de forma ininterrumpida.
Es un impresionante edificio gótico que destaca por sus fachadas impecables y por su rico contenido artístico (hasta Octubre de 2012 no se podrá entrar a verlo, pues está en obras “menores”) en donde destacan las piezas que representan el glorioso pasado de Brujas.
Glorioso pasado que sigue apareciendo a cada paso y nos fascina. No podíamos tener un día mejor. Definitivamente.

La Plaza Burg

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Apenas a escasos metros de la majestuosa Grand Place y toda su actividad, otra plaza destaca casi por las mismas razones: se trata de la Plaza Burg, un espacio precioso rodeado de los que quizás sean los edificios más importantes de Brujas: El Stadhuis (Ayuntamiento) de estilo gótico, la Basílica de la Santa Sangre (una doble capilla en dos pisos, de estilos románico y neogótico respectivamente) y el Brugse Vrije (Franconato de Brujas), donde se encontraban los antiguos Tribunales de Justicia.
Cualquier desprevenido podría confundir una plaza con la otra y no sería culpable sino de despiste. Ambas están muy cerca y ambas son lugares fundamentales donde empezar y terminar un recorrido por Brujas, pero algo me dice que Burg, un tanto más alejada del bullicio, es un lugar mucho más interesante, si es que esa diferenciación es posible.

Brujas, el esplendor

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La primera vez que escuché hablar de esta ciudad, tenía como 14 años y estaba empezando a comprender el mundo que quedaba más allá de mi Sierra Nevada y mi calle 19. Puedo recordarlo, porque quien me hablaba de Brujas, era alguien cuyas maneras me tenían trastornado (creo que ese fue uno de mis primeros amores platónicos) y porque sus conversaciones sobre este pueblo, eran lo más hermoso que me podía pasar en un día cualquiera.
Siempre quise ir, y siempre, por una razón u otra, fue un destino postergado. Llegué a creer que me iba a quedar sin verla y me horrorizaba pensarlo: A lo largo de mi vida, nadie nunca jamás se ha atrevido a decir que Brujas no es la ciudad más bella del mundo. Pues bien, hizo falta esperar todo este montón de años para llegar a los canales de irrepetible belleza de la Venecia del Norte en un soleado y fresco día de Agosto, bajar del tren y caminar hasta el Grote Markt, para comprenderlo: Estaba, en efecto, en la ciudad preciosa que uno de mis primeros amores me había contado sin mezquindades y estaba dándole la razón a cada lejana conversación en que descubría poco a poco la belleza.
 
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El Grote Markt o Grand Place, un espacio sin el que ninguna ciudad flamenca estaría completa, es el sitio por el que se empieza a descubrir discretamente todo lo bello que la ciudad tiene para sorprenderlo a uno y hacerse verdad después de tanta foto, es también el sitio donde la realidad abre el disfrute de lo que viene después de ella. Por eso hay que contarla:
Sigue los estándares de cualquier Plaza de Mercado Flamenca: Un campanario (Belfort) que lo domina todo, algunos edificios medievales que fueron en su época los sitios del poder y una incesante actividad. Cosa que por cierto, no ha cambiado. Aquí están los carruajes, los guías improvisados o no, las ventas callejeras, los mejores o más vistosos sitios para comer y los turistas (Asiáticos en mayoría, por cierto). Es el punto de partida inevitable, es el inicio de todos los inicios para saber porque, algunos lugares parecen hechos por Dios a imagen y semejanza del Paraíso.
 
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