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viernes, 21 de septiembre de 2012

Las aguas de Edam

Cualquiera diría que Europa Central está “bañada” por las aguas y no sería incorrecto. Desde que salimos de Paris, (suficientemente mojada por el Sena) lo que más hemos visto,  han sido ciudades que comparten sus espacios urbanos con el agua y lo hacen con una gracia maravillosa.
Edam no es menos. Creo que no hace falta describirlo. Si algo sobresale en esta pequeña ciudad de cuento, son precisamente sus aguas. Sin ellas, seguramente no habría todo este encanto.
 
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El Carrillón

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Un pueblo que se recorre rápido, no significa que se recorra con rapidez. Hay mucho que ver, mucho que disfrutar y mucho que grabar en la memoria. Poco a poco vamos tomando otras callecitas, otros pequeños “escondites” y comenzamos a salir del centro propiamente dicho y de las preciosas calles principales.
Mientras eso sucede, un edificio histórico nos sorprende: se trata del famoso Carrillón de Edam, la torre de la Iglesia de Santa María, cuya existencia en este mismo sitio podría estar documentada en el año 1350. Destruida más tarde, y reconstruida por primera vez en el siglo XV; recibió una segunda reconstrucción en 1882, cuando se derribó la iglesia y se mantuvo la torre de estilo gótico tardío como campanario.
Sigue allí, aunque en 1972 amenazó derrumbe y hubo de someterlo a una intensa restauración que garantizara unos cuantos años de vida futura; además, siguen allí las campanas externas que construyo Pieter van den Ghein en 1566, para que se mantengan sonando toda la vida. Cada 15 minutos suena una melodía corta que va desgranando el tiempo.

El queso de bola

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Ya en el siglo XVI, esta ciudad era famosa en Europa por la fabricación y exportación del famosísimo queso Edam o Queso de Bola, que tanta fama le da a Holanda en el mundo. Se dice que al finales de 1500, se exportaban más de 2000 unidades mensuales a toda Europa, desde aquí.
Es el famoso queso de forma circular, envuelto en una costra de cera roja (o amarilla) cuyo interior es amarillo pálido y tiene un sabor muy distintivo que en Venezuela, por ejemplo, conocemos muy bien. Pues bien, ese queso de optima calidad, nació justo en este pueblo y sigue siendo el principal objeto de comercio, de devoción y de orgullo, pero ya no es tan público como solía ser. Muchas de las fabricas de queso Edam están situadas en las afueras del pueblo y ya no se realizan mercados de queso o ferias exposición cada domingo. El resultado es que no es fácil conseguir queso de bola como para atiborrarse de él y además estamos recorriendo el pueblo un domingo tempranero en el que muchos lugares están cerrados.
Algo hemos visto, una gran exhibición de quesos (con cera amarilla) nos sale en un bellísimo parque al que nos acercamos, y descubrimos que la siguiente Feria del queso Edam, será al día siguiente a las 8 de la noche. Es una pena, pero estaremos un poco lejos de aquí.

El Centro

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No es especialmente llamativo ni importante, aunque se nota que es el centro, por la plaza, el par de edificios históricos y los pocos comercios que hay alrededor. Sin duda, la apacible vida de los Edameses (se les dirá así??) pasa en cualquier momento del día por esta calle de tienditas, abastos y lugares para comer, en donde, curiosamente, no hemos conseguido ni rastros del famoso queso Edam, aunque si, otras muchas exquisiteces.
Es el espacio con mayor actividad. Todo el mundo, por cierto, habla Ingles y parece estar muy preparado para atender visitas: Son realmente gente muy amable, casi podría decir que cariñosa y provoca la camaradería de sentarse en la única terraza que vemos a esta hora para compartir con los nativos un poco de su vida tranquilaza y sin carreras.
Estamos de verdad, verdad, enamorados de este lugar maravilloso.
 
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Un puente levadizo

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Una divertida escena nos sale al paso mientras caminamos por la calle principal. Esta pequeña ciudad, como corresponde a su ubicación, está llena de canales de todo tamaño y por lo tanto, está llena de vida en el agua. Pues bien, en el momento en que intentamos cruzar un puente, hemos notado que un par de lanchas muy grandes, están detenidas esperando que “algo suceda” para que ellos puedan continuar con su paseo dominical. Ese algo lo tiene que materializar un funcionario uniformado, que ha escuchado las dos llamadas de atención que salen del par de lanchas y ha venido caminando, sin prisa alguna, a levantar los dos puentes que impiden el paso de las lanchas.
Es una operación, sin complicaciones, que el funcionario cumple con exactitud de ciudadano ejemplar. Baja un par de barreras para obstaculizar el inexistente tráfico automotor (nunca se sabe) y luego va hasta las esquinas del puente, acciona unas llaves, quita unos tornillos que guarda en una carterita de cuero - que debe tener años - y valiéndose de una polea manual, levanta el puente.
Las lanchas pasan, saludan, agradecen y el funcionario, vuelve a poner el puente en su santo lugar. Sin malas caras, sin inconvenientes y sin apuros. Como corresponde a la buena vida.
 
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jueves, 20 de septiembre de 2012

Flores y jardines…

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Una de las grandes decepciones de este viaje ha sido llegar a Ámsterdam y descubrir que los sembradíos de Tulipanes y Flores de todo tipo, que hacen famosa a Holanda en el mundo, están cerrados por la temporada. Eso no quiere decir que no haya flores por ahí, ni que el famoso mercado de las flores no funcione, pero los parques dedicados especialmente a especies florales de todo tipo y a Tulipanes, están cerrados por la estación.
Menos mal entonces que hemos venido a Edam, donde un atractivo especial lo forman los bellísimos jardines de las casas particulares. Hay que detenerse a contemplarlos. Son el disfrute máximo de este precioso lugar al que hemos llegado por retruque.
 
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Un pueblo de fotografía

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Llegamos al terminal en menos de una hora de agradable recorrido, descendemos del autobús y nos encaminamos hacia el centro, sin saber muy bien hacia donde es el camino. Por suerte no somos los únicos y pensamos en aquello de dónde va la gente…
Es increíble lo que de pronto empieza a suceder ante nuestros ojos: este es un pueblo de fotografía. No es posible mirar hacia ningún lado en particular sin encontrarse con un jardín perfectamente cuidado, sin un espacio verde, sin una extraordinaria vista. Casitas de ladrillo que parecen recién levantadas,  pero pueden tener un par de siglos, canales, alguno que otro sitio histórico y la definición exacta de “ambiente bucólico” (sea lo que sea lo que eso signifique realmente) Poca gente a esta hora por las calles y una curiosidad llena de amabilidad: Los habitantes de Edam, que viven en las dos calles principales del pueblo, suelen dejar sus ventanas abiertas o las cortinas descorridas para que los visitantes puedan mirar hacia adentro de sus casas, en su mayoría puestas con gran gusto. Y como mirar es gratis, eso es lo que hacemos fascinados con la sonrisa de bienvenida y el gesto de saludo de los que están dentro de casa.
Lo dicho, este es un pueblo de “Photo-ops”
 
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Las Puercas Holandesas

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Mi mamá, que tenía su ingenio y su humor muy particular, tuvo unas amigas; tres hermanas bastante parecidas entre sí, “robustas”, blancas muy blancas, y muy “buenasmozas”. Llevaban el cabello pintado de diversos tonos amarillosos y vestían siempre con trajes similares, muchos accesorios y mucho maquillaje. Parecían personajes de cine, porque además siempre estaban juntas y creo que eran ese tipo de gente muy vivaz y animada que va a toda fiesta y siempre tiene un chiste y una ocurrencia graciosa.
Mi mama les decía “Las Puercas Holandesas”, no me pregunten por qué. Por un poquitín de maldad, debo suponer y por muchas ganas de hacer un chiste sin mala intención sobre estas buenas señoras de quien todo el mundo tenía algo que decir. Creo que algunas de sus otras amigas estaban con ella en el sobrenombre, pero estoy seguro que la autora fue ella, y que le dio para reírse muchísimo a lo largo de su vida.
Pues bien, estoy paseando en un autobús que va desde Ámsterdam a la Comuna de Edam-Volendam y no puedo evitar acordarme de esa historia de familia: a lo largo del trayecto, verde que te quiero verde, las fincas de cerdos se repiten incesantemente y puedo asegurar que en más de una oportunidad, alguna inmensa puerca casi se asoma al autobús y me recuerda la pinta y la cara de las “Puercas Holandesas” que alegraron mi infancia.