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domingo, 23 de septiembre de 2012

En la playa

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Así que en Holanda, hay playas….playas de verdad, de agua dulce por cierto, pero con espacios para asolearse y aguas medio cristalinas y sensación de playa en día de sol.
Pues si, las hay, las hemos visto y están aquí mismo, en Volendam. Forman la costa que une Bélgica con Holanda (se dice que se puede caminar por la orilla de esa playa sin interrupciones y en menos de un día completo se llegaría de un país al otro). Nosotros, que de curiosos lo tenemos todo, nos acercamos, a pesar de no estar preparados para ello y nos gana el frio. A ver, uno no está listo para meterse en el agua con esta brisa helada ni una temperatura que no pasa de 23 grados. Eso es lo que tiene el que nace con el trópico.
Es hora de regresar.

Un puerto en algún lugar…

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Hay, o eso nos ha parecido, dos calles principales para recorrer la ciudad. Ambas lo llevan a uno hasta el puerto, una especie de club de playa, donde están ancladas montones de embarcaciones y donde, se supone, recalan los pescadores después de su faena. Es divertido, básicamente porque lo que hoy estamos viendo, según todas las historias, lleva varios siglos sucediendo con mayor o menor intensidad y aun así, todo está  limpiecito,  nuevito, demasiado bien mantenido en su historia.
Es bonito, como no. Bonito en el sentido más europeo del término y eso no siempre lo “fascina” a uno.  No hemos tenido suerte con las cosas que uno supone encontrará en estos rincones: Por ejemplo,  tendríamos que haber paseado entre una buena muestra de los productos del mar con los que esta gente se alimenta y eso no sucedió;  estábamos paseando en una tarde muy soleada, por las aceras de un gran muelle que igual puede estar en Marbella como en La Guaira. Muy grato, pero poco más.
 
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Hora de almorzar

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A la orilla del malecón, como corresponde, todo tipo de restaurantes nos ofrecen varias posibilidades para comer bien, sin gastar demasiado. No es que todos sean baratos, algunos francamente no lo son, pero en general, las opciones para comer en Volendam abundan y son muy buenas.
Escogemos uno de los más llenos, lo que significa que tendremos que esperar un poquito por una mesa para cuatro. Tiene el encanto especial de ser una especie de self service, en donde hay todo tipo de producto del mar preparado de todas las formas posibles (incluyendo una paella muy decente) de modo que entre otras cosas, podré por fin comerme una buena ración de mejillones con papas arrugadas. Eso es exactamente lo que pido y, la verdad, es que no me arrepiento, han estado buenísimos.
Por cierto, en la puerta, una señora está instalada recibiendo arenques, que los limpia y los prepara para que los que pasan por allí los compren y se los coman crudos. Es una especialidad de la casa, pero no nos atrevemos. Es muy raro.

Casas para ver...

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El rastro de las calles del pueblo que estamos recorriendo nos lleva, sin que se pueda evitar, a transitar entre casitas que son realmente una belleza; pero, son extrañamente uniformes y bien montadas. Suponemos que se trata de refugios de verano o nuestro equivalente a “la casa de la playa” y por eso nos llaman la atención.
Por el frente que vamos caminando, ventanas abiertas y sin cortinas: podemos ver los salones de esas casas, con muebles de gran gusto y una terraza en la parte de atrás desde donde se disfruta la preciosa vista del mar. Cuando nos devolvemos por la parte de atrás, esas terrazas se convierten en parrilleras o en simples tendederos de ropa limpia. Lo inexplicable es que eso (que no es bonito) no se ve desde el frente…de verdad que es como para no parar de pensar que se trata de una escenografía y no de las más bonitas que hayamos visto.

Parada en Volendam

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Es el pueblito de pescadores del que se habla muchísimo en guías y páginas de turismo de los Países Bajos; por eso decidimos parar aquí en el camino de regreso de Edam; total, el ticket ya lo tenemos pagado y aun le queda un poco de sol al día.
El autobús, a diferencia de lo que sucede en Edam, se detiene en el centro del pueblo. Específicamente en una especie de Gran Plaza que se llama EuropaPlein (O Plaza de Europa) que no es más que un enorme descampado rodeado de pequeños comercios de comida y una extraordinaria pastelería-heladería donde más tarde nos damos banquete. Por lo demás, todavía no hemos descubierto otros encantos que nos llamen la atención y, no estamos del todo seguros de que, pararnos aquí, haya sido una decisión acertada.
No sabemos bien porque, pero todo lo que vemos parece una escenografía para atraer turistas.
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