sábado, 19 de octubre de 2013

Comprar en Margarita

 
 
 
Es parte indispensable de lo que en buen venezolano se conoce como “ir a Margarita”. Nosotros vamos a Margarita por múltiples razones…y, por comprar. Quizás porque es el único lugar de Venezuela donde, rebajas, realmente significan un importante descuento
o quizás porque, para empezar, el descuento principal tiene que ver con su carácter de Zona Franca. En la Isla no se paga IVA, por lo tanto, el 12% de la factura que tendrías que pagar en “tierra firme”, no existe en Porlamar.
Sea ese el motivo o un simple resabio de hiperconsumo que comunismos trasnochados no han conseguido acabar, comprar en Margarita es parte de cualquier vacación que se precie. Nosotros peregrinamos por sus tiendas por lo menos uno de los días que le robamos al mar; desde Custo Barcelona a ZARA pasando por Carolina Herrera, Tommy Hilfiger  y Scuttaro, las grandes firmas europeas, norteamericanas y locales, todas, tienen un rincón en alguna esquina y aunque voces agoreras hablan en contra, los visitantes bien pertrechados, y los que no tanto, repiten una y otra vez el clic de compra realizada en todos sus puntos de venta.
Abundan los bodegones, suerte de gigantescos supermercados en los que famosos productos ibéricos comparten espacios con carísimos vinos, delicias de la toscana y todo el “güisqui” de este mundo (nuestra bebida nacional) y además, ahora en tiempos de la increíble escasez socialista, el papel higiénico, los productos de aseo personal y diversos tipos de aceite de canola, empiezan a ser objeto de culto en las compras del visitante.

Playa El Yaque



(Nota: las fotografías de Playa El Yaque, no las hice yo. El día que llegué aquí, mi vieja camarita SONY empezó a morir y aunque sirvió para ilustrar un poco el resto del viaje, ese día en especial se negó a funcionar medianamente bien. Tomé las fotos de esta entrada de www.tripadvisor.com con su autorización)
 
Si la menciono es porque rivaliza en fama con Playa el Agua (pero un poquitín más hippie) y si me dejan con la mismísima Isla. Tal vez, debido a un famosísimo documental del que no tengo más noticias pues no he tenido el gusto de ver, EL YAQUE parece ser la playa de la que todos hablan, a la que todos van y la que todo el mundo recomienda visitar.
En completa honestidad y sin la intención de pasar a la historia como el autor de su  mala fama, debo decir que esta, tampoco me gusta. Razones, varias: Siempre está llena de gente, su servicios parecen estar a punto de colapsar, es muy probable que sus vecinos de ola no sean la gente más educada y bonita que usted se encontró en sus vacaciones y, por alguna razón misteriosa, en las dos o tres visitas que le he dispensado, no me ha convencido el color de sus aguas.
Es la playa de los surfistas (si a usted le gusta el surf, olvídese de todo lo que ha leído hasta aquí, discúlpeme por favor,  e instale una carpa en El Yaque) y también el embarcadero de las lanchas, catamaranes y todo lo que va hasta Isla de Coche…y, como todo en esta vida, esta opinión es la mía, por lo tanto es muy subjetiva; tal vez usted llegue allá y le encante. Yo, que no siento nada  por el surf ni los deportes acuáticos, la doy por vista.

Playa El Agua


Es la playa “fashion”, predilecta de los más jóvenes, los más ricos y los más bonitos visitantes de la Isla. Es, para decirlo en buen venezolano, la playa sifrina, esa en la que hay que ver y dejarse ver, so pena de ser execrado de las populosas rumbas nocturnas.  Es la playa que tiene los mejores servicios, es la playa más cara y es la playa más “famosa”. Precisamente, por eso, es la que menos me gusta. También porque tiene demasiado oleaje, pero eso es lo de menos. En realidad Playa El Agua no es mala playa (en Margarita no hay playas malas) lo que pasa es que a mí, personalmente, no me hace clic a pesar de su belleza.
Básicamente porque está llena – a reventar – de gente demasiado joven. Lo cual es una ventaja y una desventaja: la ventaja es obvia, abunda el colirio para los ojos en cualquier presentación; la desventaja también es obvia:  el riesgo de una improvisada fiesta playera con reggaetón a todo volumen y cantidades groseras de whisky con agua de coco (sabroso, pero no en manos de imberbes de 19 años) en uno de los países mas violentos e irrespetuosos del mundo, no es algo que uno – viajero tranquilo y sosegado -  quiera correr libremente. Y eso, lamentablemente, es lo que le puede ocurrir al que escoge Playa el Agua como destino de día de vacaciones.  Sin embargo, a su favor tiene que la mayoría de los buenos hoteles están cerca de allí y que siendo la más famosa de sus playas, es también la que ofrece mas fácil acceso.
Es un riesgo, sobre todo (esto hay que decirlo) porque siendo tan turística, es también la menos segura de las playas de la Isla, pero es un riesgo que se puede correr. Playa el Agua es una playa muy bonita, a la que hay que ir si se anda con ganas de ligue, de despiporre, de rumba, de ruido y de diversión de cualquier tipo. Si lo que usted busca es tranquilidad y sosiego playero, salga corriendo en dirección contraria; eso no va a conseguirlo en Playa El Agua ni aunque un millón de brochures publicitarios le prometan un ticket directo a El Paraíso, en el instante en que usted llegue a El Agua, déjeme decirle algo: En Margarita, tal como sucede en todos los destinos turísticos del mundo, la distancia entre lo que dice la publicidad del resort y lo que sus cansados ojos verán al llegar es, la mayoría de las veces, gigantesca. Unas veces para mal, otras, como en todas partes del mundo, sorprendentemente para bien y mejor. Se conoce como globalización y afecta a los viajeros, mas que a nadie en esta tierra.

El mono de Arminda


La primera vez que estuve en Punta Arenas, me instalé en un “chiringuito” que tenía una particularidad muy notable: entre su personal había un mono. Si. Un mono que saltaba libremente por la barra y no molestaba a nadie. Ayudaba a servir refrescos (a mi me alcanzó una Pepsi helada) y era, de muchas formas, parte de las delicias del restaurant de Arminda (chiringuito que recomiendo a todo el que vaya para Punta Arenas) Bien, el recuerdo de ese mono tan divertido, a pesar que yo no soy muy animalario que digamos, me llevó directo esta vez, a ese lugar, porque siempre lo encontré tan divertido, que no entendía mucho Punta Arenas, sin el mono de Arminda. Entré saludando y preguntando por el mono, cuando Arminda misma, con inmensa tristeza, me informó que había muerto recientemente.  – Me lo mataron – dijo con los ojos aguaditos.
Creyendo que había sido víctima de algún atraco o cosa por el estilo, quise saber los detalles. No he debido. Arminda me relató que, hace relativamente poco tiempo una familia “principal” del gobierno venezolano, fue a pasar el día en su establecimiento. En esa familia iban dos niños de corta edad a quienes sus padres no atendieron casi en absoluto; los niños, por supuesto, se dedicaron a molestar al mono, en lugar de disfrutar del mar. Tanto lo molestaron, tanto lo agredieron, que el mono, como corresponde a un animal que no tiene capacidad de discernimiento, mordió en un dedo a uno de los niños. Fue una venganza lógica, un accidente buscado. El niño montó en cólera y armó la mayor pataleta de su vida, a pesar de los primeros auxilios que le prestaron en el restaurante y los mimos de la familia de Arminda quienes constataron que la mordida había sido muy superficial. Después de media hora de escándalo, los padres del niño finalmente respondieron a las muchas llamadas del mesero y enfrentaron “la tragedia” con ganas inusitadas de demostrar su inmenso poder. Lo hicieron. A la pobre Arminda la amenazaron con cárcel y cadena perpetua, retirándose del lugar sin pagar la cuenta (almuerzo para 6 personas y muchas cervezas) dejando saber que al mono, pronto se le acabarían los privilegios.
Temprano en la mañana del día siguiente, un batallón de efectivos de la policía ambiental apareció con cara, e ínfulas, de pocos amigos a exigir permisos y demás “papeles” del mono, Arminda lo tenía todo en regla: vacunas, certificados médicos, permisos de tenencia, todo. Aun así, el mono fue encarcelado y retirado del chiringuito debido a su “conducta agresiva”. Arminda desconsolada empezó a mover cielo y tierra para rescatar su mascota.
Tres días después de infructuosas diligencias ante el gobierno “conservacionista” de la Isla Arminda recibió, al final de la tarde, un acta donde constaba la eutanasia de su mono, sin explicación alguna.
El chiringuito de Arminda sigue siendo la mejor opción en Punta Arenas, pero la ausencia del mono camarero es muy  notoria. Como él, en Margarita comienzan a perderse muchas otras cosas bajo el mandato de quienes lo único que saben hacer es tomar venganza contra quienes se oponen a su poder, demasiado grande para ser enfrentado con el arma de los papeles en regla.

viernes, 11 de octubre de 2013

La esquina del mundo



Es ya mi cuarto día en la Isla y estoy ansioso por irme a lo que, sin duda, es no solo mi playa preferida, sino uno de los lugares que más me gusta en este vasto mundo que habitamos.  Si pudiera, pondría una casita en la mayor cercanía y me instalaría a ver pasar los días, desde este rincón que no solo es inigualablemente bello, también posee una cosa energética que a mí, escéptico entre los escépticos, me deja siempre muy removido. Estoy hablando de Punta Arenas,  una playa situada en Macanao, a la que hay que ir, aunque uno vaya para Margarita por un solo día.
Queda como a una hora de camino, por una carretera que han arreglado mucho últimamente y está perfecta, es un poco solitaria y está rodeada de unos paisajes verdaderamente de ensueño: montañas de colores, mar abierto y pequeños pueblecitos como para entender las cosas simples de la vida; en un recodo de ese camino maravilloso: Punta Arenas, una playa con algunos servicios (no es fácil conseguir una ducha de agua dulce, por ejemplo) tres o cuatro chiringuitos bastante básicos (igual que en el resto, le ofrecen toldo y un par de tumbonas por 150 Bs) y una espectacularidad difícil de conseguir en otra playa del mundo.
Punta Arenas es la esquina del mundo. Y eso, para entenderlo, hay que verlo, por más que yo intente contarlo de la mejor manera que puedo.  En algún momento de su caminata por la orilla de la playa, usted llegará a una de las puntas de Margarita y verá que, detenido en esa esquina, el mar Caribe viene desde la derecha y desde la izquierda a formar un plato de belleza y quietud inigualable, al que vale tanto ver como sentir. En esa esquina no hay nada más que arena, conchas y mar. Usted pone el resto. Créame que pocas veces en la vida, se siente una emoción igual. Esa cosa infinita que llamamos horizonte y se hace inconmensurable en un instante de mar, está todo para el que quiera disfrutarlo en ese lugar, pequeñito en su inmensidad, llamado Macanao, en la Isla de Margarita.
Si el planeta necesita una esquina desde la cual empezar a recogerse todo, esa es una. Estoy seguro que en algún momento la vida me llevará a las otras tres.


Playa Parguito



Es, de las playas con todo tipo de servicios, probablemente la  mejor. Está muy bien ubicada respecto a lo que podríamos llamar “la ciudad”, está provista de muchas comodidades y a pesar de su buena fama, todavía no está llena de turistas ruidosos ni gente escandalosa. Es, a no dudarlo, una de mis playas favoritas de la Isla y tengo razones de sobra para eso.
Parguito es una playa con todos los hierros, mucho espacio de arenas muy finas para llevar sol, oleaje discreto que a veces se encabrita un poco; pero, está bien, la salinidad justa y aguas de una temperatura realmente insuperable (lo cual, por cierto, es una característica del Caribe que se agradece enormemente) Además, no le falta de nada. Una buena parte de la orilla de playa está manejada por comerciantes muy decentes, que han montado sus chiringuitos con el mayor respeto por el turista y por el ambiente, lo que da como resultado una amplia gama de lugares para alquilar tumbonas, parasol y pedacito de mar para uno solo o, mejor dicho, para uno y todo el que vaya con uno. Hay dos o tres kioscos de empanadas regados entre esa maravilla, que ofrecen, claro está, empanadas de cazón muy respetables (siempre conviene tener cuidado, está de moda hacer empanadas de “raya” – que también son buenas – y venderlas sin aclarar la diferencia; no es un engaño, las empanaderas dirán que son empanadas de “pescao” y listo, y usted puede creer que es cazón, lo que será aclarado si usted pregunta) En esos kioscos desayunar no le costará ni 100 bolívares por persona y luego, en el chiringuito que usted haya escogido, almorzará bastante bien por unos 200 0 300 Bs por persona. Usualmente el costo de un toldo con un par de tumbonas anda por los 150 Bs que, según creo, no impone limitaciones de personas, aunque sí de espacio a la sombra. Si es un grupo mayor de tres personas, lo aconsejable entonces es alquilar dos toldos continuos y distribuirse el espacio.
Hacia la izquierda, caminando un trecho realmente bonito de arena y agua, encontrará muchísimos espacio donde tumbarse al sol sin tener que pagar por ello, pero no hay ni una matica. A todo lo largo de la orilla de la playa, encontrará – si es temporada – lugares especialmente preparados para el desove de las tortugas marinas. Es todo un espectáculo que sucede al anochecer y del que casi nunca se puede ser testigo, pues la gente que anda en eso lo cuida con mucho celo. Pero, vale mucho la pena intentarlo.
No está permitido hacer fogatas ni acampar a la orilla de la playa, para no molestar a las tortugas y se nota un verdadero esfuerzo por mantener todo el lugar en el mejor estado posible. Realmente, no tiene desperdicio.
 
 
 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Playa Guacuco


Estoy realmente agotado, pero feliz de disfrutar tanto la grata compañía de mis amigas como el clima cálido y los encantos de La Isla. Terminado el almuerzo tardío, me reconozco las ganas de irme corriendo a la playa. No puedo escoger una playa lejana porque suele atardecer temprano y es un poco arriesgado anochecer en una playa desconocida estando solo.  Por eso, escojo irme un par de horas a encontrarme con amigos que han decidido pasar el día en Playa Guacuco y me han enviado dos o tres mensajes de vente-ya-para-acá-que-te-estamos-esperando. (Esa es una de las maravillas de Margarita, siempre hay amigos esperándote en alguna playa)
Playa Guacuco no es de mis playas favoritas. Tiene muy poco espacio para tumbarse al sol y normalmente está llena de gente que hace ruido y crea desorden. Además, no es una playa realmente buena; en algunas oportunidades me ha parecido que tiene “la mar revuelta” y en fin…no es verdaderamente my cup of tea; pero, la idea de encontrarme con gente que me gusta, y el deseo irrefrenable de meterme al mar sin más demoras, me inclinan a la rápida decisión de emprender camino hacia allá. No me quedan muchas horas de sol, de todos modos.
Ha sido tal cual lo que imaginé: mis amigos han guardado, con esfuerzo, una tumbona para que pueda ponerme cómodo en este domingo lleno de gente que saca botellas de cualquier cosa, en improvisados bares a la orilla de la playa y escucha música a mucho volumen. La mar “esta revuelta” (debería decir que está sucia, más bien) pero es un buen momento  para un rato agradable  en una playa que está bien, pero no es de las mejores, aun siendo bonita (pero es que aquí, todo es bonito…cosas de la geografía, ya lo he dicho mucho)