martes, 11 de septiembre de 2012

Catedral de San Miguel y Santa Gúdula

Imagen 523
 
Imagen 529
 
Imagen 530
 
Imagen 533
 
Imagen 534
 
En la parte más alta de la ciudad y desde una colina que podría servir de vigía, se encuentra la que se considera la iglesia Católica más importante de Bélgica y una de las más hermosas de Europa. Estoy hablando de la Cathédrale Saint-Michel et Sainte-Gudule, uno de los emblemas de la ciudad.
Empezó a construirse en los primeros años del siglo XIII sobre los restos de una construcción románica del siglo XI. Se terminó dos siglos más tarde,  en estilo predominantemente gótico y desde entonces ha sido sometida a importantes trabajos de mantenimiento. Entre 1983 y 1989 se realizaron los más valiosos trabajos de restauración de los últimos años.
La catedral era conocida como la Iglesia de San Miguel hasta que, en el año 1047, depositaron en el interior los restos de Santa Gúdula, fallecida en el año 712. Fue entonces cuando la iglesia tomó el nombre de San Miguel y Santa Gúdula. A pesar de su antigüedad, la iglesia no adquirió el título de catedral hasta 1961.
Habiendo sido saqueada en varias ocasiones, el interior impacta por su extrema sobriedad y sus bellísimos vitrales, sin mencionar el extraordinario pulpito barroco tallado en madera en 1699 y los hermosos confesionarios originales del siglo XVII fabricados en roble. La Capilla del santísimo Sacramento es también un notorio punto de admiración pues allí se guarda lo que se conoce como el Tesoro de la Catedral tras de un pórtico de hierro forjado del siglo XVIII. En el interior se guardan multitud de objetos litúrgicos y religiosos, como son algunas túnicas, cruces, relicarios, cálices, varios retablos y esculturas. En la capilla destacan varios vitrales, más grandes que los del resto de la catedral, que datan de 1540.
Un detalle, que tampoco pasa desapercibido en la catedral, es el imponente órgano Grenzing con más de 4.000 tubos y 4 teclados.
Mi eterna fascinación por iglesias antiguas y arte religioso quedó más que satisfecho en esta bellísima Catedral, cuya visita por cierto, es gratuita. Yo suelo darme por bien pagado en estos sitios que la iglesia, en su afán de adorar a Dios, ha construido por doquier, algunas veces haciendo gala de exagerados preciosismos y presupuestos incalculables; pero eso somos, una contradicción que no deja de respirar de ninguna manera.
 
Imagen 541
 
Imagen 537

No hay comentarios:

Publicar un comentario